Sábado 22 Junio 2024

Su primera biblioteca

nio lee

Ocurre con cierta frecuencia, y supongo que a otros escritores también les pasa. De vez en cuando se acerca un lector con un libro tuyo en las manos y solicita que lo dediques a Fulanito, o Menganita. Por rutina, buscando la frase adecuada, preguntas quién es, o qué edad tiene. Y la respuesta es «Mi hija, seis meses»; o «Es para él», señalando a un niño pequeño que te mira con curiosidad; o, si quien pide la dedicatoria es una joven embarazada, que ésta señale su tripa con una serena y dulce sonrisa. Me ha ocurrido varias veces durante las firmas de mi última novela, cuando traían libros como El pequeño hoplita, que es para niños, o El Quijote juvenil adaptado para la RAE. Pero también con novelas para adultos. «Le estoy haciendo su biblioteca», he oído decir varias veces. Y en casi todos los casos puse la misma dedicatoria: «Deseándole una hermosa vida llena de hermosos libros».

A menudo algunos de esos padres piden consejos sobre cómo hacer que sus hijos acaben siendo lectores. Y yo suelo responder que no sé nada de pedagogía, aunque sí de lectura, pues empecé a hacerlo de muy pequeño, al tener la suerte de crecer en una casa con biblioteca grande. Y precisamente por eso, cuando tuve una hija procuré reconstruir para ella, en la medida de mis posibilidades, ese fértil escenario de infancia.

Desde que nació y tuvo su habitación, su madre y yo se la fuimos llenando de libros, con la intención de que ese decorado, esa compañía, fuese para ella absolutamente natural: el libro, considerado no como un objeto venerable o como una obligación, sino como parte natural de su mundo. Como complemento cotidiano y rutinario. Objeto familiar. Al principio fueron cuentos. Relatos elementales para niños que le leíamos mientras miraba las ilustraciones, hasta que fue capaz de hacerlo sola. Después fuimos añadiendo en los estantes de su cuarto tebeos e historietas adecuadas a su edad. Así, poco a poco y de forma natural, fue dando el paso a asuntos más serios, de viajes y aventuras. Yo conservaba buena parte de mis libros de infancia, y se los fui poniendo allí procurando no abrumarla, ni forzarla. Se le dejaban cerca, a mano, y era su curiosidad lo que la empujaba a abrir uno u otro.

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25 mayo2

Novedades bibliográficas

Comunicamos a nuestros usuarios el detalle de los libros recientemente incorporados a la biblioteca, los cuales están a disposición para su consulta y préstamo:

Libro Autor    Año    Edición
17798

Tomás Hutchinson, dir

Marcela I. Basterra, dir

2023 1a.
17799 Edgardo A. Donna 2023 1a.
17800

Jorge Mosset Iturraspe, dir

Ricardo L. Lorenzetti, dir

2022 1a.
17801

Jorge Mosset Iturraspe, dir

Ricardo L. Lorenzetti, dir

2020 1a.
17802

Jorge Mosset Iturraspe, dir

Ricardo L. Lorenzetti, dir

2020 1a.
17803 Edgardo Alberto Donna, dir. 2023 1a.
17804

Héctor Alegría, dir.

Julio César Rivera, dir.

2024 1a.
17805

Jorge Mosset Iturraspe, dir

Ricardo L. Lorenzetti, dir

2021 1a.
17806

Jorge Mosset Iturraspe, dir

Ricardo L. Lorenzetti, dir

2021 1a.
17807

Héctor Alegría, dir.

Jorge Mosset Iturraspe, dir

2020 1a.
17808

Héctor Alegría, dir.

Jorge Mosset Iturraspe, dir

2020 1a.
17809

Héctor Alegría, dir.

Jorge Mosset Iturraspe, dir

2021 1a.
17810

Héctor Alegría, dir.

Jorge Mosset Iturraspe, dir

2021 1a.
17811

Héctor Alegría, dir.

Jorge Mosset Iturraspe, dir

2021 1a.
17812

Jorge Mosset Iturraspe, dir

Ricardo L. Lorenzetti, dir

2021 1a.

 

 

Los dictados son una fiesta en Francia

dictado

Ellos lo llaman Señor dictado. Rachid Santaki organiza dictados en todo el territorio desde hace más de diez años. Lo hace en plazas y estaciones de tren. En pabellones deportivos, bibliotecas o estadios de fútbol. Incluso en cines y prisiones. El viernes 12 de abril frente a la Torre Eiffel de París se registraron casi 3.000 personas. Un evento que pone de relieve la especial relación que tienen los franceses con este ejercicio y pretende darle un aspecto lúdico con el objetivo de mejorar las habilidades lingüísticas.

Más información

Santaki, un escritor de 50 años, no es el único que organiza estos eventos. Incluso personas menos conocidas lo hacen con el objetivo de mejorar el acceso a la lectura y la escritura. Como en España, los dictados han asustado a generaciones enteras de franceses como forma de juzgar la ortografía y la gramática de todos. Pero los que se organizan en lugares públicos, como aquí en la Torre Eiffel, no califican. La idea es pasar un buen rato, reflexionar sobre el idioma y aprender de los errores.

Solenn Durand, de 19 años, decidió asistir al evento con su madre. “Es una competencia entre nosotros. Mi madre siempre nos hacía esforzarnos en deletrear”, dice riendo. Ambos enfatizan el aspecto lúdico y creen que es una manera de mejorar la ortografía, que en francés, a diferencia del español, no es fonética. Antes de sentarse ante un escritorio de plástico, se les entrega una hoja de papel en blanco y dos bolígrafos. El azul es para escribir. El de verde, para corrección.

En esta ocasión, el dictado se organizará en el marco del Festival del Libro de París y los textos serán leídos al aire libre por tres autores contemporáneos. El primero es el más sencillo. El último, el más difícil. Santaki pide silenciar los teléfonos móviles y da instrucciones. Los extractos se leen tres veces: primero para escuchar, luego para escribir y finalmente para corregir. Después de una lectura inicial, los participantes cogen un bolígrafo y se concentran.

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